Posteado por: ezelche | Octubre 28, 2008

Guatemala

Hace semanas que no escribo en el blog. Acuses de recibo a Guatemala y el cansancio acumulado. Se cercenan las ideas y se acentúa el olvido hacia el otro lado del charco.

Surgió pues la posibilidad de que Carmen y yo viajáramos a Guatemala la semana anterior a la anterior, es decir, hace dos y para asistir a un cuso de actualización regional de VIH-SIDA. De lunes a viernes. Como no podía ser de otra manera aprovechamos a partir el sábado y pasar unos días en La Antigua Guatemala. Compañera de viaje, Katya.

Antigua es una ciudad de estética colonial y mezcolanza con sangre occidental del S. XXI. Monumental, fría, náhuatl. Paseamos por el mercado antiguo y el de artesanías. La Katya se regaló un quitapenas. Cuenta la leyenda que en las aldeas del altiplano guatemalteco si uno tiene una pena se la debe contar antes de acostarse a un muñequito Quitapenas y guardar éste debajo de su almohada, así, mientras uno duerme el muñeco se encargará de trajinar las penas bien lejos. ¡Qué no estábamos tan mal, hombre! Cenamos y firmamos en la pared del Ceviche’s Mex. Fundamos la mara de Los Gorditos, en la cual, no tuve más rol que supervisar desde la retaguardia. Y nos empapamos en la nocturnidad buscando a Los Amigos – el hostal –, a la señora Felipa y a los últimos Gallos que cantaran esa noche.

Durante la semana asistimos a las ponencias del curso; a riesgo de que mi pasado como monaguillo se quede en un detalle sin importancia me reservo el derecho de información acerca del hospedaje en Ciudad de Guatemala.El curso muy interesante, con contenidos nuevos para mí, con el aprendizaje que eso conlleva. La estructuración, mucho peor. Seis horas seguidas de ponencias con tres pequeños descansos y dos horas de trabajo grupal al final del día. Un ritmo muy pesado para racionalizar y analizar toda la información.

El lunes me tocó disfrazarme de formalidad. La Carmen tenía una vibra bien bonita. A mí me trastoca la incomodidad de la apariencia en demasía, aunque en verdad, esa camisa no me queda nada mal…

A la noche quedábamos con la Katya que, como no, se la siguió pasando por los bares saludando a toda la mara. La viejita ha aprovechado bien el tiempo. Igual, se agradece, de no ser así, nada sería como está siendo. Salimos por la zona 1, el Cienpuertas. Estaba en el centro de Guatemala. Paradójicamente caminé antes por el centro de Guatemala que de San Salvador. Ahora ya por ambos.

A final de la semana se enfermó la Carmen. Uno, como ella dice, intentó cuidarla “a su manera”. “Carmencita, estás jodida, ¿eh?” El doctor nos asustó diciendo que podrían ser amebas pero al fin, y tras bombazo drogadicto al hígado, se recuperó con tal celeridad que el domingo, a mi vuelta, ella estaba vergueando en el Zonte, ¿recuerdan el lugar?

El sábado yo regresé a Antigua con la Katya y unos amigos. El Poncho tenía exposición fotográfica. A la par, regalaban vino. Blanco y en botella. Y tinto y rosado, claro. Acabamos en casa de Sebastián, un francés bien interesante. No habían pasado diez caricias al cordaje de la guitarra que ya dije a la Katya “éste toca mucho mejor que cualquiera que hayamos escuchado, pero mucho”. “Pero mucho” no paraba de repetir la Katya a medida que sonaban las canciones. Como soy un tipo previsor y sé que no soy de memorizar nocturnidades, inmortalicé:

 

 

Dormimos en Ciudad, en la casa del Poncho. A la mañana era domingo y debía volver. Sin querer, agarré el Tica y dije “adiós”. Las circunstancias de horas posteriores transformarían la despedida en un más que seguro “hasta pronto”. O no…

 


Respuestas

  1. No me ha gustado nada eso de que te olvides del otro lado del charco eh xddd

    Regalame un quitapenas…xd

  2. Cuánto nos acordamos de tí y qué poco te acuerdas tú de nosotros, xD.

    Me alegro de que estés bien. Bueno, bien… estás mejor que quieres.

    Un beso y a seguir.


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